Aventura Culinaria: Café A Bistro

1.- QUE COMIENCE EL FESTÍN

Hace tiempo que muero por venir a CAFÉ A BISTRO. El nombre se presentaba entre epifanías nocturnas y hambrientas. A veces salía y buscaba…qué es es? Qué es eso que mi barriga pide y mi paladar anhela? Muchas veces no acertó, pero siempre llega el momento… Aquel momento que te lleva al lugar donde me encuentro sentada, con vista hacia los comensales disfrutando su comida y a la misma vez, vista a los lejanos autos de la Av. El Ejercito..
Aquí sentada, en la barra del cafe o también bistro, me pregunto a qué sabrá mi siguiente plato. La verdad es que me tomó por sorpresa que nos recibieran con unos panecillos con quinua ligeramente tostada y ahumada. Cuatro bollitos tiernos, suavecitos, calientitos. Estos acompañados de unas cremas, a mi paladar enigmáticas, pero con un recuerdo de delicia, pura purita. La mente no se iba muy lejos de ese tartar de salmón que estaba por acompañar a aquellos pequeños…. Dios he escuchado tantas maravillas en lo que fue del año que mi cabeza no puede más.

2.- LA COMIDA SIGUIÓ Y SIGUIÓ

Dios…Estoy repleta. Es lo primero que pienso ahorita. Lo que les puedo comentar es que lo tamaños están muy buenos. No creo que con una entrada y los platos de fondo uno se pueda quedar corto, mas bien lleno. Aunque los postres se lean  tentadores, esta vez tendré que pasar y decirles “no”. La hamburguesa, muy rica, muy jugosa; es una versión achorada del pan con hamburguesa de tu mamá. Lo que sí me sorpendió una vez la hamburguesa en mi barriga, es que el ser una hamburguesa sin tomate ni lechuga puede ser todo un acierto. Los pickles le agregaban ese corte agridulce y el queso ese toque de cremosidad cálida, un casamiento perfecto. El pan rico rico rico, para mi la textura del pan a la hora del mordisco es muy importante…que se esponje y amalgame con la carne. Para coronar todo, una papas nativas crujientes por fuera y cremosas por dentro. Top de lo top.

3.- LA COMIDA DEL ACOMPAÑANTE

Poco fue lo que pude probar de aquél plato contundente de aspecto casero y a la vez moderno. Aunque no me dejé engañar por las flores de adorno, que de hecho me generaban unas ganas locas de comerlas, en efecto le daban un sabor distinto y peculiar. Este era un lomo rostizado con un ragú de choclito, hongos y cebollas caramelizadas y un puré de coliflor al vino tinto que simplemente creaba una atmósfera de comodidad en mi paladar. Fue una combinación divina y digna de 10 puntos.

 

BON APPÉTIT!